Qué datos preparar antes de pedir presupuesto
- En qué paredes sale y hasta qué altura llega la mancha.
- Si es planta baja, semisótano o hay un sótano debajo.
- De qué es el muro, si lo sabes, y cuánto grosor tiene.
- Desde cuándo está y qué se ha hecho ya (pintura, zócalo, otro tratamiento).
- Si el muro es solo tuyo o es de la comunidad o medianero.
Qué es la humedad por capilaridad
Un muro de ladrillo, de piedra o de bloque está lleno de poros diminutos. Cuando su base está en contacto con un terreno húmedo, el agua asciende por esos poros igual que sube por un terrón de azúcar apoyado en el café: sin presión, sin grietas y en contra de la gravedad. Eso es la capilaridad.
En los edificios actuales se corta en origen. El Código Técnico de la Edificación pide, en el arranque de la fachada, una barrera impermeable «a más de 15 cm por encima del nivel del suelo exterior para evitar el ascenso de agua por capilaridad» (DB-HS, sección HS 1, apartado 2.3.3.2). Muchas casas anteriores no tienen esa barrera, o la tienen rota o puenteada por un recrecido del suelo o por un revoco que llega hasta el terreno. Por eso es la humedad típica de las casas de pueblo, de las plantas bajas antiguas y de los muros de carga gruesos.
Cómo se reconoce
- Sale en la parte baja de la pared, desde el suelo hacia arriba, y dibuja una franja más o menos horizontal a lo largo del muro.
- Está todo el año. No aparece con la lluvia ni desaparece en verano, aunque el borde de la mancha puede subir y bajar con las estaciones.
- Deja sales: un polvo o una costra blanca (el salitre) en el límite de la mancha, donde el agua se evapora.
- Rompe el acabado: pintura abombada, yeso que se deshace, rodapiés que se despegan o se pudren.
- Afecta a muros en contacto con el terreno: plantas bajas, semisótanos, muros interiores que arrancan de la cimentación. En un primer piso no hay capilaridad.
Ninguna de estas señales basta por sí sola, y pueden coincidir con otra humedad. Lo que lo confirma es la visita de una empresa, que mide cuánta agua tiene el muro a distintas alturas y mira cómo está construido.
Por qué pintar o alicatar no la resuelve
El agua que sube necesita salir, y sale evaporándose por la superficie del muro. Si esa superficie se cierra con una pintura plástica, un zócalo de azulejo, un panel o un mortero de cemento, el agua no deja de subir: busca la salida más arriba o por la otra cara. La mancha reaparece por encima del arreglo al cabo de un tiempo. Tapar no es un tratamiento, y a veces empeora el muro.
Qué soluciones se suelen proponer
Todas buscan lo mismo —que el agua deje de llegar a la zona que se ve o que el muro pueda secar— por caminos distintos. Aquí no se recomienda ninguna: cuál encaja depende del muro y del diagnóstico.
- Inyecciones: se perfora la base del muro y se introduce un producto que repele el agua, para formar una barrera horizontal. Su resultado depende de que el producto se reparta de forma continua en todo el espesor.
- Electroósmosis: sistemas que actúan sobre el agua del muro con un campo eléctrico, con electrodos o con un aparato sin obra. Es la opción sobre la que hay más preguntas y más desacuerdo; conviene exigir que se mida el muro antes y después.
- Corte físico: abrir el muro por tramos y colocar una lámina impermeable. Es la barrera más parecida a la de obra nueva y también la obra más delicada.
- Morteros y revocos transpirables o de saneamiento: no cortan el agua; dejan que el muro evapore y retienen las sales para que el acabado aguante. Suelen acompañar a las anteriores.
- Actuar fuera: bajar el nivel del terreno pegado al muro, quitar una acera que lo salpica o hacer un drenaje reduce el agua que llega a la base.
Qué mueve el precio
- Los metros lineales de muro que hay que tratar, más que los metros cuadrados de mancha.
- El grosor y el material: no es lo mismo un tabique de ladrillo que un muro de piedra de medio metro.
- La técnica que se proponga y si se combina con otra.
- El acabado: picar el revoco dañado por las sales y rehacerlo suele ser una parte importante del presupuesto, y no siempre viene incluida.
- El acceso: si se puede trabajar desde las dos caras, si hay muebles de obra, instalaciones o un local vecino.
No damos cifras porque no hay una fuente pública fiable; lo explicamos en qué mueve el precio de un tratamiento. El número sale de la propuesta de la empresa, después de ver el muro.
Errores que salen caros
- Rehacer el acabado antes de que el muro seque. Un muro grueso tarda meses en perder el agua que tiene; pintar pronto es volver a empezar.
- Aceptar un tratamiento sin medición previa. Sin un dato de partida no hay forma de saber después si ha funcionado.
- Confundirla con condensación. Un equipo de ventilación no corta el agua del terreno, y una barrera en el muro no arregla el vapor del interior.
- Olvidar las sales. Aunque el agua deje de subir, las sales que quedan en el revoco siguen absorbiendo humedad del aire y manchando.