Qué datos preparar antes de pedir presupuesto
- En qué paredes sale y a qué altura, por dentro o por fuera.
- Si es planta baja, sótano o garaje.
- Si está todo el año o va con las lluvias.
- Cuántas veces se ha rascado y pintado, y cuánto ha durado.
- Si la casa es de obra reciente o se ha reformado hace poco.
Qué es el salitre
Lo que en casa se llama salitre los técnicos lo llaman eflorescencias: depósitos de sales en la superficie de un muro. Las sales están en el terreno, en el agua y en los propios materiales —ladrillo, mortero, piedra—. Cuando el agua atraviesa el muro, las disuelve y las arrastra; al llegar a la superficie el agua se evapora y las sales se quedan, cristalizadas.
A veces cristalizan a la vista, como un polvo blanco que se quita con la mano. Otras veces lo hacen justo debajo de la pintura o dentro del revoco, y entonces lo que se ve es el acabado que se abomba, se desconcha o se deshace en arena.
Qué dice de la humedad que hay detrás
El salitre no aparece con el vapor de una ducha: hace falta agua líquida que recorra el muro durante mucho tiempo. Por eso orienta bastante:
- En la parte baja de un muro de planta baja, en una franja horizontal y todo el año: lo más probable es capilaridad. Las sales marcan el borde superior de la humedad, que es donde más se evapora.
- En un muro enterrado de sótano o garaje: suele ser agua del terreno que lo atraviesa, una filtración lateral.
- En una fachada, por fuera, en manchas blancas tras las lluvias: agua que entra en el muro y vuelve a salir.
- En obra reciente: los materiales nuevos sueltan sales mientras secan; si desaparece sola en unos meses, no hay un problema detrás.
Es una orientación. Para saber de dónde llega el agua, una empresa mide el muro a distintas alturas y, si hace falta, analiza las sales.
Por qué rascar y pintar no lo quita
Se puede cepillar en seco y la pared queda limpia unos días o unas semanas. Vuelve por dos motivos. El primero, evidente: el agua sigue llegando y trae más sales. El segundo se conoce menos: muchas de esas sales absorben humedad del aire, así que un revoco cargado de sales se moja solo los días húmedos aunque el muro ya no reciba agua. Por eso, incluso después de un tratamiento que funciona, lo habitual es tener que picar el revoco contaminado y rehacerlo.
Lavar la pared con agua es contraproducente: disuelve las sales y las mete de nuevo en el muro. Y cerrar la superficie con una pintura plástica o un alicatado empuja la cristalización hacia dentro, donde rompe el material.
Qué soluciones se suelen proponer
Van en dos pasos, y el orden importa:
- Cortar o reducir el agua. Según el diagnóstico, una barrera contra la capilaridad (inyecciones, electroósmosis, corte físico) o una actuación contra la filtración (impermeabilización, drenaje).
- Sanear el acabado. Picar el revoco hasta por encima de la zona afectada, dejar secar el muro y rehacerlo con un mortero que deje pasar el vapor y aguante las sales, terminado con una pintura transpirable.
Hacer solo el segundo paso da una pared bonita durante un tiempo. Hacer solo el primero deja un revoco que sigue manchando.
Qué mueve el precio
- El tratamiento del origen, que depende del tipo de humedad y de los metros de muro.
- Los metros cuadrados de revoco que hay que picar y rehacer, y a qué altura llega el daño.
- El acabado que se quiera recuperar: un enlucido sencillo o un zócalo de piedra.
- El tiempo de secado: si la obra se hace en dos fases, hay dos desplazamientos y un periodo con la pared en bruto.
La cifra sale de la propuesta de la empresa que lo revisa; aquí no la damos.