Qué datos preparar antes de pedir presupuesto
- Qué tipo de humedad crees que es; si no lo sabes, haz antes el autodiagnóstico.
- Metros de pared, de muro o de techo afectados, a ojo.
- Si la vivienda está habitada y si se puede trabajar por fuera.
- Si quieres que el presupuesto incluya los acabados.
- Si ya tienes otro presupuesto con el que comparar.
Por qué no damos cifras
Porque no hay una fuente pública y comprobable de lo que cuesta tratar una humedad, y las cifras que circulan por internet son horquillas tan anchas que no sirven para decidir, o son las de una empresa concreta. Publicar un número sin poder respaldarlo sería hacerte perder el tiempo, o algo peor: darte una referencia falsa con la que juzgar un presupuesto real.
El precio de tu caso sale de la propuesta de la empresa que lo revisa, después de una visita. Lo que esta página puede hacer es explicarte de qué está hecho ese precio para que puedas leerlo y discutirlo.
Lo primero que decide el precio: el tipo de humedad
- Capilaridad: se presupuesta por metro lineal de muro. Pesan el grosor, el material y la técnica (inyecciones, electroósmosis, corte físico).
- Filtración: se presupuesta por metro cuadrado de muro o de losa, y por metro lineal de junta. Lo que más pesa es si hay que excavar.
- Condensación: se presupuesta por equipo y por vivienda si es ventilación, o por metro cuadrado si es aislamiento.
Por eso preguntar «cuánto cuesta arreglar unas humedades» sin saber el tipo no tiene respuesta: son tres obras que no se parecen.
Las partidas de un presupuesto
- Diagnóstico: la visita y las mediciones. Unas empresas lo cobran aparte y otras lo incluyen si se contrata.
- Trabajos previos: picar revocos, retirar zócalos, mover muebles de obra, proteger suelos.
- El tratamiento propiamente dicho.
- Acabados: rehacer el revoco con mortero adecuado, pintar, reponer rodapiés. Es la partida que más a menudo falta en un presupuesto y aparece después.
- Medios auxiliares: andamio, maquinaria, contenedor.
- Seguimiento: mediciones de control tras la obra.
- Impuestos: comprueba si el total los incluye.
Lo que hace subir o bajar el precio
- Los metros, lineales o cuadrados según el tipo.
- El grosor y el material del muro.
- El acceso: trabajar por una cara o por dos, por dentro o por fuera, con la vivienda ocupada o vacía.
- El estado de los revocos y cuánto hay que rehacer.
- La combinación de técnicas: es frecuente que haga falta más de una.
- El desplazamiento, si la empresa viene de lejos.
Cómo comparar dos presupuestos
- Que diagnostiquen lo mismo. Si una empresa dice capilaridad y otra condensación, no estás comparando precios: estás ante dos diagnósticos, y uno está equivocado.
- Que midan lo mismo: los mismos metros y las mismas paredes.
- Que incluyan lo mismo: con o sin acabados, con o sin impuestos.
- Qué mediciones ofrecen antes y después.
- Qué garantía dan por escrito: cuánto dura, qué cubre, y qué pasa si la humedad vuelve.
- Cómo se paga: qué parte por adelantado y qué parte al terminar.
El más barato de los dos puede ser, sencillamente, el que ha dejado fuera el revoco.
Señales para desconfiar
- Un precio dado sin ver la casa o sin medir nada.
- La misma solución para cualquier humedad.
- Prisa: una oferta que solo vale si firmas hoy.
- Una garantía que no está por escrito o que no dice qué cubre.
- Que no sepan explicarte, con palabras normales, de dónde viene el agua.
Quién lo paga
Antes de pedir presupuesto conviene saber si la obra te corresponde a ti. Si el origen está en la fachada, en los muros de carga, en la cubierta o en el garaje, lo habitual es que sea de la comunidad. Lo explicamos en quién paga las humedades.